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Cultura bárbara
Durante años la ciudad de Formosa tuvo graves problemas de higiene urbana. Hoy, los problemas no han desaparecido pero en líneas generales es evidente el mejoramiento de la situación. El nuevo cuadro es consecuencia de la impronta de la actual gestión municipal, a lo que se suma una incipiente cultura de los formoseños en intentar mantener la limpieza en la zona en la que pasa la mayor parte del día. No se observan, en gran parte del radio céntrico, y salvo excepciones, la basura arrojada en las calles o las bolsas con residuos que permanecen durante gran parte del día, como en otras épocas. Sin embargo, y como hecho lamentable, debe señalarse también que existen excepciones. Porque nunca faltan los antisociales que disfrutan con las roturas y/o hurto de elementos, como sucede con gran parte de los cestos de papeles que se colocaron en las avenidas de mayor circulación, las pintadas con aerosoles en veredas y paredes, la rotura de baldosas o la “diversión” que para algunos significa romper las farolas del alumbrado público. Las roturas de elementos y los actos de vandalismo no sólo se centran en las veredas, sino que alcanzan también a las plazas y otros espacios públicos, escuelas incluidas. Los inadaptados comenten destrozos de todo tipo, y a punto tal llegan esas andanzas que el municipio debe gastar sumas muy importantes por su culpa. Según se sabe, la Comuna debe reponer y reparar, en forma permanente, mobiliario urbano, luminarias, riego por aspersión (en este caso rompen o roban los picos), fuentes, árboles y flores, a lo que se suma el arreglo o reconstrucción de veredas en baldíos abandonados por sus dueños (muchos de ellos de buen pasar económico), la limpieza en general de sectores habitualmente maltratados, entre varios “extras”. Paralelamente, el trabajo de quienes tienen a su cargo el cuidado de las plazas y paseos se multiplica como consecuencia de que, al ser utilizados en algunos casos como lugares de descanso, quienes concurren a esos espacios verdes suelen dejar las botellas plásticas, papeles y restos de comidas. En algunos sitios, como la plaza San Martín, las roturas van más allá de lo económico. No se puede aceptar que roben los bebederos o que se utilicen los bancos y las pérgolas para pintar grafitis o leyendas. Si bien la destrucción que se produce en esos lugares genera un costo económico elevado, los hechos demuestran que existe un problema mucho más profundo, porque toca lo cultural. Lo demuestra con máxima crudeza el continuo ataque a las obras de arte y esculturas (todo lo contrario a lo que ocurre, por ejemplo, en Resistencia); numerosos monumentos y murales a lo largo y ancho de la ciudad lucen las huellas del accionar vandálico: bustos con rostros desfigurados y pintarrajeados, y anónimos por el robo de placas (la plazoleta de la avenida 9 de Julio es un buen muestrario de la barbarie), figuras mutiladas, decoraciones murales manchadas con aerosoles. Son actitudes incomprensibles porque se cometen por el simple hecho de generar daño sin tener en cuenta la imagen de Formosa ni el interés de los vecinos que aspiran a vivir mejor.
OPINION
Colegios tomados
No debemos reprochar a los estudiantes rebeldes que hoy toman colegios, y menos a su alto grado de politización. Son estudiantes que alzaron los ojos de los libros y los llevaron hacia las paredes y los techos averiados de sus escuelas, hacia las becas impagas que no les llegan a los compañeros más pobres. A veintisiete años del fin de la dictadura, muchos periodistas, docentes, padres y, sobre todo, políticos siguen mirando a la política con desconfianza. Cada vez que se enarbola una protesta, se corta una calle o se toma una escuela o una fábrica, la forma más común de descalificarlo es tildar el reclamo de político e indagar sobre la ideología de los disidentes. Cuando en realidad los adolescentes, con sensatez y claridad, dicen: “Todos tenemos conciencia de que se trata de un problema político al que hay que darle respuestas políticas”, y los ministros del área se escandalizan. Todos los gobernantes han llegado al poder haciendo de la política un modo y un medio de vida; en vez de reivindicarla, se indignan de que otros la practiquen y mucho más cuando esos militantes, además de opositores a su pensamiento, son jóvenes y les apuntan a la cabeza con proyectos que van más allá del próximo cuatrimestre. Cuando hace más de cuarenta años íbamos a la escuela, los colegios secundarios eran casi cuarteles, casi cárceles y casi monasterios. Hoy nuestros adolescentes se han vuelto visibles. Los reclamos legítimos abandonaron la clandestinidad del baño. El aprendizaje que aspiran es al dominio de materias más trascendentes que las que figuran en los planes de estudio. Ya no se trata sólo de aprobar o repetir. Tampoco es un problema de ladrillos o de becas. Es mucho más profundo. Se trata ni más ni menos que de los conceptos de: política, solidaridad y compañerismo. Palabras que todos tenemos derecho a pronunciar y a escuchar sin miedo.
Aníbal Hardy
OPINION
Patético pero tajante
Sea como sea, las declaraciones son del Gobierno de Formosa. Por un lado, un funcionario de Gildo ratificó la cifra de un millar y medio la cantidad de jóvenes que serán incorporados en la primera etapa de desarrollo del programa “Jóvenes por más y mejor trabajo”, el cual apunta a capacitarlos a fin de que mejoren sus condiciones de empleabilidad. Pueden participar los jóvenes de entre 18 y 24 años de edad y no hayan completado el Nivel Primario y/o Secundario de escolaridad y se encuentren desempleados. Afirmó: la población objetivo final que nosotros estimamos en todo el territorio provincial comprendería a unas 22 mil personas. Esta declaración oficial explica con claridad y en resumen que en Formosa hay 22.000 jóvenes que no estudian ni trabajan. Muy feo pero tajante. Por otro lado, el mismo funcionario señaló, el 8 de setiembre de 2010, que Formosa registra un desempleo de tan sólo un 2,5% y aseguró que si estos valores siguen en tendencia descendente, estaríamos llegando a la ocupación plena. Fundó sus aseveraciones conforme a las últimas mediciones laborales efectuadas en la capital y el interior, lo que arroja que en el segundo trimestre de este año, se registrara el valor apuntado. Patético pero tajante. ¿Cómo puede exponer semejante contradicción? Creo que los ciudadanos nos merecemos más respeto.
Carlos Ojer DNI 8.438.740
CARTA
Hace ya más de siete años Señor Director: Me dirijo a usted en relación a ciertos conceptos contenidos en la opinión que, emanada del Dr. Marcial J. Mántaras, se publicara el 03/09/2010, en la que el mismo se refiere al Fallo del STJ N° 9315/10, por el cual dicha instancia judicial declaró la inconstitucionalidad del art. 37, inc. 1 de la Ley N° 571, en cuanto ese precepto -vulnerando la igualdad de género, amparada por normativa internacional con andarivel constitucional- fija distintos requisitos de accesibilidad a la correspondiente prestación previsional por la contingencia de viudez, según que quien la reclame sea varón o mujer. Al margen de algunas reflexiones -alusivas a circunstancias de la política vernácula- que desliza el distinguido colega -aspecto éste que se encuentra absolutamente fuera de mi interés profesional y personal-, el prestigioso letrado afirma -y lo resalto en el circunscripto plano que da motivación a la presente- que "... nunca se planteó judicialmente el tema, de la inconstitucionalidad de la norma..." (sic), ya que “… nadie había presentado ninguna acción ...” (sic). En tal respecto, lamento contradecir al Dr. Mántaras, anoticiándolo de que, con el patrocinio y representación del suscripto, mi cliente, don Carlos A. Dávila Lerma, instauró hace ya más de siete (7) años -a través de los autos "DAVILA LERMA Carlos Alberto c/ PROVINCIA DE FORMOSA y/u OTROS s/ CONTENCIOSO ADMINISTRATIVO" (Expediente N° 82 - Folio N° 47 - Año 2003)- la pertinente acción de inconstitucionalidad, basada precisamente en los mismos fundamentos que el Alto Tribunal local acogió para invalidar la norma que ahora vuelve a ser impugnada por aquella primigenia gemela argumentación. Lo lamentable del inevitable contraste entre ambas causas es que el STJ en aquella ocasión -a despecho de la identidad fáctica y jurídica que se patentiza entre los dos casos- no sólo rechazó la demanda, sino que hasta denegó el pertinente recurso extraordinario, obligando a la parte que represento a incoar el necesario recurso de hecho ante la Corte Suprema de Justicia de la Nación, el cual se halla aún en trámite bajo mi conducción letrada, en el Expediente N° 518/2005 T° 41 - Letra D - RHE. A la luz de este nuevo fallo, si bien siempre resulta un hecho auspicioso que quienes deben impartir justicia terminen "en tiempo oportuno" o aun "llegando tarde", adoptando criterios decisorios que tomen efectivos los principios constitucionales, el justiciable que represento puede considerarse legitimado para requerir a los ilustrados integrantes del STJ -cuya probidad y buena fe no merece dubitación- una justificación -que resulte apreciable para cualquier ciudadano de a pie- acerca de por qué, frente a situaciones de una identidad manifiesta, a un litigante se le reconoce -en un tiempo razonable- su pretensión, al tiempo que a otro -a despecho de ser portador del mismo derecho y con base en un calcado planteamiento- se lo viene compeliendo -en una homérica desigualdad ante la Ley- a transitar el desgastante curso de un trámite judicial que se viene prolongando por el citado lapso de más de siete (7) años.
Dr. David G. Guicovsky Abogado
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